Ubicada en el municipio de Umán, al sur de Mérida, la Hacienda Yaxnic es un…

La Hacienda San José Carpizo, fundada en 1871 por Don José María Carpizo Sánchez, es una de las haciendas más representativas de la región suroeste de Campeche. Nació a partir de la fusión de tres propiedades menores, consolidando un latifundio que llegó a superar las 36,000 hectáreas, dedicado inicialmente a la agricultura tradicional, la producción de palo de tinte y, posteriormente, al cultivo de henequén y la ganadería.
La hacienda refleja fielmente el auge económico del Porfiriato en la península de Yucatán, una época marcada por la expansión de los grandes latifundios y la modernización rural.
Durante las décadas finales del siglo XIX, San José Carpizo se convirtió en un punto estratégico de producción, rodeado de caminos de saca, pozos, maquinaria avanzada para la época y un sistema social organizado bajo el modelo clásico de las haciendas peninsulares. A ello se sumaba un modelo de explotación laboral que incluía a decenas de familias que vivían dentro del casco y trabajaban en el campo y en los talleres.
Expansión demográfica y auge productivo
El crecimiento demográfico fue notorio. En 1895, el número de habitantes apenas alcanzaba los 181; sin embargo, para 1913, ya vivían allí 728 personas, entre trabajadores, sus familias, mayordomos, personal de servicio y administradores. La hacienda no solo era un centro de producción agrícola y ganadera, sino un complejo social con una capilla activa, una tienda de raya, talleres de carpintería y herrería, y viviendas agrupadas en función de la jerarquía laboral.
La producción de henequén alcanzó niveles industriales, impulsando la economía local y conectando la hacienda con los mercados nacionales e internacionales. Incluso se construyó un camino de acceso particular, que comunicaba el centro de operaciones con otras rutas comerciales de la región.
Declive por éxodo y reforma agraria
El inicio del siglo XX trajo consigo cambios drásticos. Tras los conflictos sociales y económicos derivados de la Revolución Mexicana, comenzó un éxodo importante de trabajadores. Para 1921, solo quedaban unas 40 personas residiendo en la hacienda. La Reforma Agraria de 1938, impulsada por el presidente Lázaro Cárdenas, modificó radicalmente la estructura territorial de San José Carpizo: gran parte de sus tierras fue repartida entre ejidatarios, y la hacienda perdió su carácter centralizado.
En las décadas siguientes, el predio cambió de propietarios en más de una ocasión. Para 1941, pasó a manos privadas, y hacia 1951 fue nuevamente vendido. Sin un proyecto sustentable que permitiera su conservación o restauración, el casco principal fue paulatinamente abandonado, quedando expuesto a las inclemencias del clima y al olvido institucional.
Estilo arquitectónico neoclásico
A pesar de su deterioro, San José Carpizo conserva una valiosa muestra de arquitectura neoclásica del siglo XIX. La fachada principal de la casa grande destaca por sus azulejos azules importados, grecas decorativas y roleos, además de los techos cubiertos con teja marsellesa. Las columnas, los ventanales simétricos y las molduras hablan de una época en la que el refinamiento y la funcionalidad se combinaban en la arquitectura rural.
Todavía es posible identificar estructuras como el cuarto de máquinas, la capilla, los talleres de herrería y carpintería, así como el corral y las casas de los acasillados. La disposición general de los edificios responde a un esquema radial, típico de las haciendas yucatecas del periodo porfiriano, pensado para el control del trabajo y la administración eficiente del predio.
Estado actual y comunidad viva
Hoy en día, el casco de la hacienda se encuentra en ruinas, invadido por la vegetación y con muros que ceden al paso del tiempo. Sin embargo, una comunidad continúa habitando el antiguo poblado hacendario. En las viviendas construidas para los trabajadores, aún viven familias que conservan los lazos con la tierra, mantienen la electricidad, la tienda local, el transporte colectivo y algunas festividades religiosas vinculadas a la vieja capilla, que permanece en uso parcial.
Este dinamismo comunitario le otorga a San José Carpizo un valor doble: es tanto patrimonio arquitectónico como espacio social vivo. La vida cotidiana en medio de las ruinas ofrece un contraste que impacta a los visitantes y sensibiliza sobre el valor de la conservación del patrimonio rural.
Potencial para el turismo rural
Pese a su abandono, la hacienda posee un enorme potencial para el turismo rural y cultural. Su arquitectura, historia y entorno natural podrían convertirla en un destino para visitas educativas, fotografía patrimonial, eventos culturales y experiencias ecoturísticas. Existen propuestas locales que han planteado su rescate mediante esquemas de gestión comunitaria, pero hasta el momento los apoyos institucionales han sido limitados.
El interés por rescatar esta joya arquitectónica no solo responde a su belleza visual, sino a su capacidad para contar una historia de transformación agraria, de conflictos sociales y de adaptabilidad comunitaria. San José Carpizo podría formar parte de una ruta turística que conecte las principales ex haciendas de Campeche, desde Hecelchakán hasta Champotón.
Ubicación estratégica y entorno natural
La hacienda está localizada a 30 kilómetros al noreste de Champotón, sobre un tramo de carretera asfaltada con un desvío en el kilómetro 2. El entorno es ideal para los amantes de la naturaleza: campos agrícolas, pequeños ríos, áreas de selva baja y caminos rurales que invitan a explorar con calma. La serenidad del paisaje, combinada con la monumentalidad de las ruinas, conforman un escenario ideal para los que buscan experiencias fuera de las rutas turísticas convencionales.
Patrimonio rural y memoria regional
Más allá de su valor estético, San José Carpizo representa un testimonio tangible del pasado agrario del estado de Campeche. Su inclusión en el “fundo común” del ejido, y el hecho de que sus estructuras aún sean utilizadas de manera simbólica por los habitantes, le otorgan un papel activo en la memoria histórica regional. Preservarla es también reconocer el esfuerzo de generaciones que vivieron y trabajaron en sus tierras.
Recomendaciones para visitar
Solicita una visita guiada con miembros del ejido local, quienes pueden compartir historias y recorridos seguros.
Precaución estructural: entra solo en zonas estables, idealmente con casco o guía.
Fotografía matutina: aprovecha la luz del amanecer para capturar detalles arquitectónicos.
Explora el entorno: combina tu recorrido con una visita a Champotón o ríos cercanos.
Apoya iniciativas locales: compra en la tienda comunitaria o colabora con proyectos de conservación.
Un escenario de memoria y rebeldía
La Hacienda San José Carpizo es mucho más que una ruina: es una puerta abierta al pasado rural de Campeche, una lección viva de transformación social, económica y cultural. Sus paredes cuentan historias de esplendor, lucha, éxodo y persistencia. En su abandono hay belleza, pero también una llamada a la acción: preservar lo que queda para honrar lo que fue.
Visitarla es una experiencia enriquecedora para quienes valoran el patrimonio, el turismo sustentable y el contacto directo con comunidades que siguen construyendo su historia en medio de la herencia material de sus ancestros. En San José Carpizo, el viajero no solo recorre un lugar, sino también un tiempo.


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