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A escasos kilómetros del bullicio de la ciudad de San Francisco de Campeche, en el punto kilométrico 0.8 de la carretera que serpentea hacia Chiná y San Agustín Olá, se encuentra un rincón donde el tiempo parece transcurrir al ritmo pausado de los animales pastando.

El Rancho Las Potrancas no es una hacienda en ruinas ni un monumento al extinto “oro verde”; es algo igual de profundo en la identidad campechana: una explotación ganadera viva, un testimonio activo de una tradición que ha forjado el carácter y la economía de la región durante siglos. Su nombre, evocador y sencillo, es la puerta de entrada a un mundo de faenas, sabanas y el orgullo de una herencia que perdura.

El Nombre: Un Homenaje a la Juventud y la Belleza Ecuestre

“Las Potrancas” es un término del léxico ganadero que se refiere a las yeguas jóvenes, generalmente desde el destete hasta que tienen su primera cría. Es un nombre que habla de vigor, potencial y la promesa de continuidad. Lejos de las grandilocuencias de las haciendas henequeneras, este nombre es terrenal, directo y poético a su manera. Evoca la imagen de estos animales elegantes correteando en los pastizales, símbolos de la riqueza y la vitalidad de la ganadería. No es un nombre impuesto desde la lejanía, sino uno que nace del corazón mismo de la actividad del rancho, reflejando el cuidado y la valoración que se tiene por el ganado, el verdadero patrimonio de la tierra.

Los Cimientos de una Tradición: La Ganadería en Campeche

Para entender el Rancho Las Potrancas, hay que remontarse a los orígenes mismos de la economía novohispana en la península. Mientras el henequén acapararía los reflectores siglos después, la ganadería fue la primera gran industria que transformó el paisaje y la sociedad de Campeche. Las estancias ganaderas, antecesoras de ranchos como este, se establecieron desde el siglo XVI, criando ganado cebú y criollo adaptado al clima tropical.

Estas propiedades eran microcosmos de autosuficiencia. La vida giraba en torno al ganado: la marcada, los rodeos, el cuidado de los pastizales y la defensa contra depredadores. La cultura del vaquero, el charro campechano, con sus habilidades ecuestres, su vestimenta característica y su profundo conocimiento de la tierra, se forjó en estos lugares. El Rancho Las Potrancas es un heredero directo de esta tradición secular, un guardián de unos saberes y un modo de vida que han resistido el paso del tiempo y los cambios económicos.

La Vida en el Rancho: Un Ritmo Marcado por la Naturaleza

A diferencia de la frenética actividad industrial de una hacienda henequenera, el ritmo en Las Potrancas lo marca el sol y las necesidades del ganado. Un día típico comienza antes del amanecer. Los vaqueros, figuras centrales en este ecosistema, se preparan para las faenas. La jornada puede incluir:

  • El Rodeo y la Marcada: Agrupar al ganado en corrales para revisar su estado de salud, aplicar vacunas o marcar a los becerros recién nacidos con el hierro del rancho, un símbolo de propiedad y orgullo que data de la Colonia.
  • La Revisión de Cercas y Pastizales: Recorrer los extensos límites de la propiedad para asegurar que las cercas estén en buen estado y que los pastos, como el guinea, el pangola o la buffel, provean suficiente alimento para el hato.
  • El Manejo del Agua: Asegurar que los bebederos y los abrevaderos naturales o artificiales (como represas o jagüeyes) tengan agua limpia y suficiente, un desafío constante en la temporada de secas.
  • La Atención Veterinaria: El ranchero moderno combina el conocimiento tradicional con la ciencia veterinaria para prevenir enfermedades y garantizar el bienestar animal.

La arquitectura de Las Potrancas es funcional y sin pretensiones: corrales de madera resistentebodegas para almacenar el alimento suplementario y las herramientas, un molino de viento o una bomba para extraer agua, y una casa principal que es más un refugio práctico que un palacio. Es un paisaje humano y natural en perfecta sintonía.

La Dualidad Moderna: Tradición y Sostenibilidad

El Rancho Las Potrancas de hoy no vive anclado en el pasado. Se enfrenta a los desafíos del siglo XXI, buscando un equilibrio entre la productividad y la sostenibilidad. Las prácticas ganaderas han evolucionado hacia un manejo más técnico, con énfasis en:

  • La Genética: La introducción de razas como Brahman, Nelore o cruces con Cebú, que ofrecen mejor resistencia al calor y los parásitos.
  • La Rotación de Potreros: Una práctica que evita el sobrepastoreo, permitiendo la recuperación de los pastizales y contribuyendo a la salud del suelo.
  • La Integración con la Selva: Muchos ranchos, conscientes de su valor ecológico, mantienen “manchones” de selva virgen dentro de la propiedad, que sirven como refugio para la fauna local y corredores biológicos.

Este rancho no es una isla; es parte de una comunidad. Provee empleo local, contribuye al abasto regional de carne y participa en ferias ganaderas, que son el epicentro social de esta tradición, donde se fortalecen los lazos y se exhibe lo mejor de la cría campechana.

El Legado que Respira

Visitar el Rancho Las Potrancas (https://maps.app.goo.gl/4V7KchWe6jUVgS8X6) es sumergirse en la Campeche profunda y auténtica. No se buscan aquí muros derruidos, sino el sonido de los becerros mugiendo, el olor a tierra mojada y pasto fresco, y la imagen serena de las potrancas que le dan nombre galopando en la llanura.

Es un recordatorio crucial de que la historia de Campeche no se escribe solo en las piedras de las haciendas abandonadas, sino también en el latido vivo de sus ranchos. Las Potrancas representa la resiliencia, la conexión con la tierra y el orgullo de una herencia que se transmite de generación en generación. Es la encarnación de un Campeche trabajador, rooted en sus tradiciones pero con la mirada puesta en un futuro donde la ganadería sostenible y la cultura del vaquero sigan siendo un pilar fundamental de la identidad y la economía estatal. En cada amanecer sobre sus potreros, la tradición ganadera demuestra que sigue viva, fuerte y tan prometedora como una joven potranca.

Rancho Las Potrankas

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