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Ubicada en la región de Amalucan, a escasos minutos de la ciudad de Puebla, la Hacienda San Juan Bautista se alza como uno de los ejemplos más valiosos del patrimonio arquitectónico y cultural del centro de México. Con orígenes que se remontan al siglo XVI, esta ex hacienda no solo resguarda muros y arcos de piedra tallada, sino también una memoria histórica profunda que abarca periodos coloniales, reformas liberales y una reciente revitalización orientada al turismo cultural y de eventos.

Fundada entre los siglos XVI y XVII, la hacienda tuvo un papel importante como centro agrícola, administrado en sus primeras décadas por órdenes religiosas, probablemente franciscanas o jesuitas. Su infraestructura se consolidó durante el periodo virreinal, integrando espacios dedicados al cultivo de maíz, ganado y almacenamiento, así como una iglesia que llegó a convertirse en un referente arquitectónico.

Arquitectura colonial de gran belleza

Uno de los aspectos que más distingue a la Hacienda San Juan Bautista es su arquitectura. A lo largo del tiempo, ha conservado una armonía entre los estilos neoplateresco, barroco y elementos mudéjares, visibles tanto en la portada de su iglesia como en los detalles decorativos de su estructura principal.

El templo que forma parte del complejo presenta una fachada con columnas toscanas, arcos de medio punto, motivos vegetales y figuras religiosas en cantera. Su interior es aún más impresionante: retablos de madera tallada, un coro de cedro y bóvedas de gran altura que evocan la solemnidad de los espacios sagrados del periodo colonial. Esta combinación de elementos artísticos y devocionales ha sobrevivido al paso de los siglos, a terremotos y al olvido institucional.

La hacienda también conserva la troje, jardines, corrales y otras construcciones auxiliares que servían para almacenar granos, alojar al ganado y facilitar las actividades agrícolas. A pesar de las transformaciones urbanas de su entorno, aún puede percibirse el carácter original del conjunto arquitectónico.

De la prosperidad al abandono

Como muchas otras haciendas novohispanas, San Juan Bautista conoció la prosperidad durante los siglos XVII y XVIII. Su ubicación estratégica y la fertilidad de sus tierras permitieron que se convirtiera en un punto productivo clave en la región. Sin embargo, tras la expulsión de los jesuitas en 1767, y más tarde durante las guerras de Independencia y las Leyes de Reforma, la propiedad sufrió cambios constantes, perdiendo estabilidad administrativa.

Durante la Intervención Francesa en el siglo XIX, la hacienda fue ocupada por tropas militares. Este episodio marcó una nueva etapa de deterioro, agravada por la pérdida de tierras y el abandono paulatino de sus funciones agrícolas.

Ya en el siglo XX, con el crecimiento urbano de Puebla, la zona de Amalucan comenzó a transformarse, y la hacienda fue objeto de invasiones y fraccionamientos irregulares. A partir de la década de 1970, su deterioro fue evidente. El templo quedó sin mantenimiento, la troje se usaba como almacén y los jardines fueron invadidos por vegetación silvestre.

Un renacimiento orientado a la cultura

Fue hasta finales de los años noventa cuando un grupo de ciudadanos preocupados por el patrimonio decidió emprender la restauración del sitio. Con la participación de asociaciones civiles y con el apoyo de propietarios comprometidos con la historia, comenzó un lento pero efectivo proceso de rehabilitación.

Hoy, la Hacienda San Juan Bautista funciona como un espacio cultural y social, abierto para visitas, actividades educativas, conciertos y especialmente para eventos privados como bodas, celebraciones y encuentros temáticos. Su restauración ha respetado la esencia original del sitio, al tiempo que ha incorporado servicios modernos que permiten una experiencia cómoda sin sacrificar autenticidad.

Espacios con historia para eventos inolvidables

Uno de los usos más exitosos del sitio ha sido como escenario para eventos sociales. Sus jardines restaurados, el patio central, la troje adaptada y el propio templo son espacios ideales para ceremonias religiosas o civiles, recepciones al aire libre y banquetes con un toque de época.

Entre los detalles que destacan se encuentran la iluminación nocturna, el uso de decoración tradicional mexicana, y la posibilidad de contar con servicios como catering, música en vivo, ambientación temática y fotografía profesional. Todo ello en un entorno que transmite historia y elegancia.

La capilla, aún consagrada, ofrece un marco solemne para quienes buscan celebrar bodas religiosas con un aura única. Al mismo tiempo, los espacios exteriores permiten actividades más informales sin perder el carácter simbólico que transmite el lugar.

Un templo barroco que resiste el tiempo

El templo de San Juan Bautista es, sin duda, el corazón espiritual y arquitectónico del conjunto. Su retablo principal, aunque restaurado, conserva la madera original en partes significativas, así como relieves, molduras y elementos litúrgicos de gran valor.

El coro alto, con vistas a la nave central, recuerda los tiempos en que los cantos gregorianos acompañaban las misas de los primeros siglos. La acústica del templo ha sido elogiada por músicos y coros que lo han utilizado para presentaciones íntimas, aprovechando la resonancia natural del recinto.

La simbología de la fachada, con ángeles, querubines, estrellas y motivos florales, remite a la iconografía barroca religiosa, pero también tiene un valor artístico para los visitantes interesados en la historia del arte colonial en México.

Visita recomendada para viajeros culturales

La ex Hacienda San Juan Bautista es un destino ideal para quienes disfrutan de viajes culturales, de exploración histórica y de fotografía patrimonial. Aunque hoy se encuentra dentro de una zona urbana, su entorno inmediato aún conserva la atmósfera rural que marcó su origen.

El recorrido puede hacerse por cuenta propia con cita previa, o bien mediante visitas guiadas organizadas por asociaciones culturales locales. Además de los espacios arquitectónicos, suele haber actividades especiales como conciertos de música antigua, ferias gastronómicas, exposiciones fotográficas o talleres de oficios tradicionales.

Recomendaciones para disfrutar la visita

  • Lleva calzado cómodo para caminar entre jardines, escalones de piedra y pisos antiguos.

  • Si planeas una visita fotográfica, lo ideal es acudir temprano por la mañana para aprovechar la luz natural.

  • Consulta previamente la disponibilidad del templo y la troje, especialmente si hay eventos en curso.

  • Aprovecha para conocer otras ex haciendas o iglesias coloniales de la región, ya que se pueden hacer rutas culturales en un solo día.

  • Sé respetuoso con el espacio, sobre todo en áreas que aún conservan valor litúrgico.

Rincón en donde el pasado se hace presente

La Hacienda San Juan Bautista es mucho más que una construcción colonial rescatada. Es un testimonio viviente del mestizaje cultural, de las dinámicas sociales del virreinato y de la capacidad contemporánea para dar nueva vida al patrimonio histórico. Su transformación en un sitio cultural y de celebración ha permitido que generaciones actuales puedan reencontrarse con el pasado, no como una reliquia inmóvil, sino como un escenario lleno de vitalidad.

Visitar esta hacienda es caminar entre siglos de historia, admirar la belleza de la arquitectura novohispana, y al mismo tiempo, celebrar la creatividad de quienes han sabido convertir un espacio antiguo en una experiencia moderna. Ya sea como turista, como fotógrafo o como invitado a una celebración, San Juan Bautista deja huella en todo aquel que cruza sus puertas.

Hacienda San Juan Bautista

 

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