En las colinas ondulantes del Valle de Cuernavaca, Morelos, a unos 90 kilómetros al sur…

En las verdes colinas del municipio de Tetecala, Morelos, a aproximadamente 120 kilómetros al sur de la Ciudad de México, se encuentra la Hacienda La Luna como un portal al pasado colonial envuelto en naturaleza exuberante. Ubicada en San Miguel Cuautlita, con código postal 62620, esta finca del siglo XVII invita a desconectar del ajetreo urbano y reconectar con la esencia morelense.
Antiguo ingenio azucarero, hoy transformada en un centro de hospedaje, eventos y retiros, la hacienda ofrece un equilibrio perfecto entre historia, cultura y serenidad. Su entorno, marcado por ríos cristalinos y bosques templados, la posiciona como base ideal para explorar las “Maravillas de Morelos”, un estado bendecido con un clima eterno de primavera que promedia 22°C, fomentando escapadas románticas, familiares o espirituales.
Raíces Coloniales: Del Trapiche a la Renovación
La historia de la Hacienda La Luna se hunde en el siglo XVII, cuando las haciendas morelenses eran el motor de la economía virreinal. Fundada como productora de azúcar, esta finca de unas 10 hectáreas originales aprovechaba los fértiles valles del Río Chalma para cultivar caña y procesarla en trapiches hidráulicos. Su arquitectura destaca por la bóveda de cañón prolongada, arquerías de piedra y una casa principal de dos pisos con terraza panorámica, elementos que evocan la grandeza de Nueva España. Durante la Independencia y la Revolución, propiedades como esta sirvieron de refugio a insurgentes, tejiendo en sus muros relatos de resistencia indígena tlahuica y mestiza.
Expropiada en la reforma agraria del siglo XX, la hacienda pasó por manos ejidales antes de su restauración en las últimas décadas, convirtiéndose en un espacio multicultural. Hoy, bajo gestión familiar, preserva su capilla barroca y bodegas de cantera, mientras promueve la educación sobre la herencia prehispánica de Tetecala —cuyo nombre náhuatl significa “lugar de piedras llenas de tierra”. Eventos como el Festival Ometeolt, que se celebra anualmente en sus jardines, reviven tradiciones ancestrales con música, danzas y talleres, atrayendo a miles de visitantes de todo México. Esta evolución no solo conserva el patrimonio, sino que lo hace accesible, transformando un sitio de nostalgia en un catalizador de inspiración personal.
Llegada y Encanto Natural
Llegar a la Hacienda La Luna es un descenso gradual hacia la paz: el trayecto por la carretera federal Alpuyeca-Grutas, a la altura del km 22.8, serpentea entre campos de maíz y huertos de mango hasta desembocar en una entrada flanqueada por buganvillas y palmeras. La propiedad, de estilo rústico con toques modernos, se extiende en patios empedrados y jardines de 5 hectáreas, donde el canto de aves endémicas como el zanate anuncia la bienvenida. Cuenta con 7 dormitorios distribuidos en una estructura de tres pisos, totalizando 640 m², incluyendo una suite principal de 39 m² con balcón privado y vistas al valle.
Las habitaciones, con techos de teja y pisos de barro, ofrecen camas king size, baños con tinas y Wi-Fi, fusionando comodidad contemporánea con encanto histórico. La piscina estacional al aire libre, rodeada de terrazas, es el epicentro de relax, mientras áreas de fogata y mesas de picnic fomentan tertulias nocturnas. Para grupos, salones versátiles acomodan hasta 200 personas, ideales para seminarios o campamentos. El área de juegos interiores para niños y el temazcal opcional añaden toques familiares y espirituales, haciendo de la hacienda un refugio versátil para todas las edades.
Sabores Auténticos y Sostenibles
La gastronomía en Hacienda La Luna es un homenaje a la cocina morelense, con énfasis en ingredientes locales y orgánicos. El comedor principal, bajo arcos coloniales, sirve desayunos con chilaquiles rojos, huevos con flor de calabaza y jugos de nanche fresco. Para almuerzos, platos como el mixiote de guajolote en penca de maguey o ensaladas de quelites silvestres capturan la frescura del huerto propio. Cenas incluyen filete de pescado en salsa de vino blanco con hierbas, o vegetarianos como nopales rellenos de huitlacoche, todo maridado con mezcales artesanales de Amacuzac.
Los chefs, locales en su mayoría, priorizan la sostenibilidad: menús zero-waste y huertos hidropónicos aseguran nutrición y bajo impacto ambiental. En eventos, catas de panela —herencia azucarera— y clases de cocina enseñan a preparar tamales de ceniza o atole de amaranto. Reseñas destacan el sabor auténtico: “Comida casera que nutre el alma”, escribe un huésped en Facebook. Precios accesibles, desde 500 pesos por persona en banquetes, hacen de las comidas un placer inclusivo, conectando sabores prehispánicos con toques contemporáneos.
Eventos y Celebraciones Bajo la Luna
La hacienda brilla como venue para bodas y eventos, con jardines amplios que escenifican ceremonias románticas al atardecer. Capacidad para 300 invitados en setups al aire libre, con iluminación LED en arquerías y sonido profesional, permite personalizaciones totales. Bodas incluyen paquetes con decoración floral tlahuica, mariachis y fotógrafos, desde 50,000 pesos. Para retiros de meditación o talleres, espacios como la terraza superior acogen sesiones de yoga o seminarios, con énfasis en el bienestar holístico.
Campamentos juveniles y festivales culturales, como el histórico Ollin Kan de 2013, han marcado su agenda, fusionando arte y naturaleza. El equipo de coordinadores, calificado con 90% de recomendaciones en redes, asegura protocolos sanitarios y flexibilidad. “Un sueño hecho realidad para nuestra boda”, comparte una pareja en Bodas.com.mx, elogiando la calidez del staff.
Atracciones Cercanas: Tesoros de Morelos
La ubicación estratégica de la hacienda la convierte en hub para aventuras. A 12 millas, la Zona Arqueológica de Xochicalco —patrimonio UNESCO— deslumbra con pirámides del siglo VII d.C. y el Juego de Pelota, cuna del calendario mesoamericano. Coatetelco, a 15 minutos, revela vestigios olmecas en un lago sagrado, ideal para hikes guiados. Las Grutas de Cacahuamilpa, a 20 km, impresionan con cavernas de 50 metros de altura y formaciones etéreas, tours de dos horas que evocan mitos chontales.
Taxco, a 30 minutos, cautiva con su arquitectura colonial de plata y calles empedradas, perfecto para compras artesanales. La Cuenca de Chalma, a 25 km, ofrece ecoturismo en ríos y bosques preservados, con birdwatching de tucanes. En Tetecala, la monumental iglesia de San Miguel y el Festival Ometeolt añaden sabor local. Para relax, el Museo Robert Brady en Cuernavaca, a 26 millas, exhibe arte naïf en una mansión virreinal.
Ecoturismo y Conexión Espiritual
Hacienda La Luna promueve el ecoturismo responsable: senderos por el bosque templado identifican especies como el zompantle, y programas de reforestación involucran a visitantes en siembras nativas. Retiros de meditación usan el temazcal para rituales prehispánicos, mientras excursiones observan la biodiversidad del Río Chalma. En temporada de lluvias (junio-octubre), cascadas ocultas brotan, ideales para fotografía. Colaboraciones con comunidades tlahuicas apoyan artesanías, fomentando un turismo ético que preserva el ecosistema morelense amenazado por la urbanización.
Voces de Visitantes y Consejos Prácticos
Huéspedes alaban su autenticidad: “Un rincón mágico para recargar energías”, dice un yogui en Booking.com. Familias valoran los jardines, aunque recomiendan auto propio por el transporte limitado. Contacta al +52 777 188 0041 o contacto@haciendalaluna.com.mx; tarifas desde 1,800 pesos por noche en doble, con paquetes de eventos accesibles. Accesible en 2 horas desde CDMX por autopista.
Un Susurro Eterno en Morelos
En un México de contrastes, Hacienda La Luna emerge como un secreto lunar: iluminado por historia y naturaleza, invita a celebrar la vida en sus patios ancestrales. Ya sea en una boda estelar, un retiro introspectivo o un paseo por ruinas milenarias, este enclave en Tetecala nutre el espíritu. Morelos, con su resiliencia fértil, late aquí en cada arco y hoja.


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