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En el corazón de la península de Yucatán, lejos del bullicio de los grandes complejos hoteleros y sumergida en la paz mística de la selva baja, se encuentra la Ex-Hacienda Chochoh.
Ubicada en el municipio de Tixpéhual, esta propiedad es un testimonio silente pero poderoso de la época del “Oro Verde”, aquel periodo a finales del siglo XIX y principios del XX en el que el henequén transformó radicalmente la economía, la arquitectura y la estructura social del sureste mexicano.
Las Raíces de una Tierra Legendaria
La historia de Chochoh, cuyo nombre en lengua maya evoca la naturaleza vibrante de la zona, es un relato de transformación. Al igual que muchas de las grandes propiedades de la región, sus orígenes se remontan a la época colonial, cuando funcionaban como estancias ganaderas y maiceras. Sin embargo, su verdadero esplendor llegó con la industrialización de la fibra del agave fourcroydes, el henequén.
Durante el porfiriato, Yucatán se convirtió en una de las regiones más ricas de México. Las haciendas se transformaron en pequeñas ciudades autónomas, con su propia moneda (las “fichas de hacienda”), escuelas, tiendas de raya y una jerarquía social muy marcada. Chochoh fue una pieza clave en este engranaje, destacando no solo por su capacidad de producción, sino por la elegancia de su arquitectura, que buscaba emular los estilos europeos, particularmente el neoclasicismo francés, tan en boga en aquella época.
Arquitectura: La Belleza del Abandono y la Resiliencia
Al llegar a la Ex-Hacienda Chochoh, lo primero que cautiva al visitante es la majestuosidad de su Casa Principal. A diferencia de las haciendas que han sido completamente restauradas para convertirse en hoteles boutique de lujo, Chochoh conserva una pátina de autenticidad que enamora a los amantes de la fotografía y la historia. Sus techos altos, sus arcos de medio punto y sus restos de pintura a la cal en tonos ocres y rojizos cuentan la historia de un lujo que ha sabido envejecer con dignidad.
El cuarto de máquinas, corazón industrial del recinto, todavía conserva la estructura donde las potentes desfibradoras separaban la fibra de la pulpa del agave. Es fácil imaginar el estruendo de la maquinaria y el movimiento constante de los trabajadores bajo el sol inclemente de Yucatán. La chimenea, que se alza hacia el cielo como un obelisco industrial, sigue siendo el punto de referencia visual que domina el paisaje, recordándonos el pasado productivo del lugar.
Un Refugio de Paz y Autenticidad
Lo que hace especial a Chochoh en la actualidad es su atmósfera de serenidad absoluta. A diferencia de otros destinos turísticos masificados, aquí el tiempo parece haberse detenido. La selva ha comenzado a reclamar su espacio, entrelazando sus raíces con las piedras labradas de las antiguas construcciones, creando un escenario que parece sacado de una novela de realismo mágico.
Para el viajero que busca desconectarse del mundo moderno, Chochoh ofrece una experiencia sensorial única. El canto de los pájaros Toh, con sus colas en forma de péndulo, y el susurro del viento entre los árboles de flamboyán y ceiba son la única banda sonora. Es un lugar ideal para la contemplación, donde se puede caminar entre los antiguos senderos de las “trucks” (plataformas sobre rieles que transportaban el henequén) y sentir la energía de una tierra que ha vivido siglos de historia.
El Renacimiento Cultural
En años recientes, la Ex-Hacienda Chochoh ha comenzado a cobrar una nueva vida. Gracias a su cercanía con Mérida (a apenas unos 30 minutos de la capital yucateca), se ha convertido en un punto de interés para proyectos artísticos, sesiones fotográficas editoriales y eventos que buscan un entorno rústico y sofisticado a la vez. Su arquitectura ha servido de lienzo para artistas contemporáneos que encuentran inspiración en la decadencia romántica de sus muros.
Además, la comunidad de Chochoh que rodea la hacienda mantiene vivas las tradiciones yucatecas. La gastronomía de la zona es un pilar fundamental de la visita; probar una cochinita pibil hecha en horno de tierra o unos panuchos tradicionales en las cercanías de la hacienda es completar el viaje a través del paladar. La hospitalidad de la gente local, que conoce las leyendas de los Aluxes que habitan los rincones de la hacienda, añade una capa de misticismo a la experiencia.
Sustentabilidad y Futuro
El desafío actual de lugares como la Ex-Hacienda Chochoh es encontrar el equilibrio entre la conservación histórica y el aprovechamiento turístico sustentable. Existen esfuerzos por preservar las estructuras originales sin alterar su esencia, promoviendo un turismo de bajo impacto que respete tanto el patrimonio edificado como el entorno natural.
Visitar Chochoh es también una oportunidad para reflexionar sobre la historia de México, sobre las luces y sombras de la era henequenera y sobre la importancia de valorar nuestras raíces. No es solo un paseo por un edificio antiguo; es un encuentro con la identidad yucateca, con esa mezcla indisoluble de la herencia maya y la influencia española que define a la península.
La Ex-Hacienda Chochoh es un tesoro escondido que aguarda a ser descubierto por aquellos que saben apreciar la belleza de lo auténtico. Es un lugar donde el lujo no se mide en estrellas de hotel, sino en la calidad del silencio, en la profundidad de la historia y en la calidez del sol filtrándose por las ventanas sin marcos.
Si te encuentras en Yucatán y buscas una escapada que te aleje de lo convencional, toma la carretera hacia Tixpéhual y deja que el camino te lleve a Chochoh. Allí, entre las ruinas de piedra y la selva vibrante, encontrarás un pedazo del alma de Yucatán que se queda grabado en la memoria mucho después de haberse marchado. Es, en definitiva, una invitación a detenerse, respirar y admirar cómo la historia se funde con la naturaleza para crear algo eterno.


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