Skip to content

El estado de Morelos es tierra de contrastes, donde el calor del trópico se mezcla con la memoria de batallas revolucionarias y el eco de la época colonial. A menudo, quienes buscan refrescarse en la entidad dirigen la mirada hacia los balnearios tradicionales de Cuautla o Yautepec. Sin embargo, el sur profundo de la entidad resguarda un rincón que desafía la concepción del turismo convencional, fusionando de manera simbiótica las ruinas monumentales del pasado con el abrazo místico de la naturaleza. 

Se trata de la Exhacienda de San Jacinto Ixtoluca, un espacio donde el tiempo parece haberse detenido y cuyos muros hoy duermen bajo el cobijo de imponentes amates amarillos.

Ubicado en el municipio de Tlaquiltenango —el más extenso geográficamente en Morelos—, este antiguo complejo no es el clásico monumento restaurado con pintura impecable y jardines milimétricamente recortados. Al contrario, su principal atractivo radica en el estado de conservación rústica de su casco y en la forma en que la selva baja caducifolia ha reclamado lo que alguna vez le perteneció.

Raíces que Abrazan Cinco Siglos de Historia

La historia de San Jacinto Ixtoluca comenzó a escribirse en el lejano siglo XVI. De acuerdo con los registros históricos, la propiedad fue mandada a construir originalmente bajo las directrices del mismísimo Hernán Cortés, con el firme propósito de convertirse en un centro para el beneficio y procesamiento de los metales ricos en plata extraídos de la cercana Sierra de Huautla. La abundancia de las vetas mineras de la región demandaba una infraestructura robusta para lavar y refinar el mineral. Para lograrlo, los ingenieros de la época erigieron un imponente sistema de acueductos y canales que transportaban el agua desde los manantiales aledaños hasta el corazón de la hacienda.

A lo largo de los siglos, la vocación de Ixtoluca transitó por diferentes etapas. Durante el siglo XIX, la propiedad vivió un segundo auge, consolidándose como un punto clave en el desarrollo económico de la región mediante la refinación no solo de minerales, sino también del plomo y de resinas locales. Sin embargo, la llegada del siglo XX y el estallido de los movimientos armados transformaron su destino. Al igual que muchas otras fincas del estado de Morelos, el casco de la hacienda se convirtió en un refugio estratégico y centro de operaciones para las tropas del ejército zapatista durante la Revolución Mexicana.

Incluso, décadas más tarde, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, una compañía extranjera se asentó temporalmente en sus instalaciones para extraer los remanentes de mercurio (azogue) que quedaban en los antiguos depósitos mineros. Tras el fin de las actividades industriales, la propiedad pasó por decreto presidencial a manos del ejido de El Limón en 1927, cuyos pobladores asumieron la responsabilidad de proteger y gestionar el sitio.

El Espectáculo Visual de los Amates Amarillos

Caminar hoy en día por los patios deslavados, los corredores de arquerías y los vestigios de la capilla es una experiencia que estimula los sentidos. Lo que verdaderamente vuelve único a San Jacinto Ixtoluca es el fenómeno natural que ocurre entre sus estructuras de mampostería. Las semillas del amate amarillo (Ficus petiolaris), transportadas por el viento o las aves, encontraron en las grietas de los viejos muros de piedra el sustrato perfecto para germinar.

Con el paso de las décadas, estos árboles han crecido de manera monumental, proyectando raíces sinuosas y pálidas que caen de forma vertical sobre los pilares y arcos, envolviéndolos como si fueran cascadas de madera petrificada. Las gruesas raíces se aferran firmemente a las piedras de los acueductos, creando un paisaje visual impresionante donde resulta difícil distinguir dónde termina la arquitectura humana y dónde empieza la obra de la naturaleza. Bajo la densa sombra de sus copas, la temperatura disminuye notablemente, proporcionando un respiro fresco frente al extenuante clima del sur de Morelos.

Un Destino con Enfoque Ecoturístico y Gastronomía de la Región

Actualmente, el ejido local opera San Jacinto Ixtoluca bajo un concepto ecoturístico y recreativo de bajo impacto, ideal para los viajeros que buscan escapar de las aglomeraciones. Para comodidad de los visitantes, el espacio ha sido acondicionado con dos albercas rústicas alimentadas por agua corriente, extensas áreas verdes para el descanso familiar y zonas perfectamente delimitadas para quienes desean pasar la noche bajo el firmamento acampando en medio de las ruinas históricas.

La oferta gastronómica del restaurante local es otro de los pilares que enriquecen la visita. Lejos de los menús convencionales, la cocina de la hacienda rinde homenaje a los sabores tradicionales y a la cocina de monte de la región. Quienes se adentren en este paraje pueden degustar guisos locales preparados al momento, con especialidades culinarias que incluyen conejo, codorniz y platillos tradicionales a base de iguana, una carne muy apreciada en la gastronomía rural del sur de Morelos. El sitio cuenta también con pequeños criaderos de iguanas y avestruces orientados a la conservación y educación ambiental de los asistentes.

Cómo Llegar a San Jacinto Ixtoluca

El acceso a este místico escenario es relativamente sencillo y se puede realizar en un recorrido por el día desde ciudades cercanas. Saliendo desde Cuernavaca, la distancia es de aproximadamente 46 kilómetros, lo que se traduce en poco más de una hora de trayecto en automóvil.

La ruta consiste en tomar la Autopista del Sol (México-Acapulco) con dirección hacia el sur, tomando la desviación en la caseta de Alpuyeca-Jojutla. Se continúa avanzando por la carretera estatal cruzando el municipio de Jojutla hasta adentrarse en Tlaquiltenango, dirigiéndose hacia la comunidad de La Mezquitera. Justo al salir de este poblado, las señales conducen hacia un camino de terracería bien trazado de aproximadamente dos kilómetros de longitud que desemboca directamente en el estacionamiento de la exhacienda. El sitio abre sus puertas de lunes a domingo, en un horario de 8:00 am a 8:00 pm, cobrando una cuota de acceso accesible destinada de forma íntegra al mantenimiento del patrimonio y el sustento de la comunidad ejidal.

Comments (0)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back To Top