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En el corazón del occidente chiapaneco, entre los bosques tropicales y las colinas suaves que rodean el municipio de Ocozocoautla de Espinosa, se encuentra la Hacienda San Francisco, una de las más representativas del periodo colonial en el estado de Chiapas.
Su historia refleja las profundas transformaciones del campo chiapaneco, desde los tiempos de la Colonia hasta el México contemporáneo. Aunque no siempre reconocida a nivel nacional, la Hacienda San Francisco constituye un valioso símbolo de la evolución económica, social y cultural de la región.
Origen y contexto histórico
La fundación de la Hacienda San Francisco se remonta al siglo XVIII, en un momento en que el occidente de Chiapas comenzaba a consolidarse como una zona estratégica para el comercio y la agricultura. Ocozocoautla —conocido por sus fértiles tierras, su cercanía con la planicie del Grijalva y su posición como punto de paso entre Tuxtla Gutiérrez y la Sierra Madre— ofrecía las condiciones ideales para el desarrollo de fincas dedicadas al cultivo de maíz, caña de azúcar, café y cacao.
Desde sus inicios, San Francisco se caracterizó por ser una hacienda autosuficiente, con su propio sistema de riego, trapiches, caballerizas, talleres de carpintería y herrería, así como una pequeña capilla para la vida religiosa de sus habitantes. Su producción abastecía tanto a la población local como a los mercados regionales, especialmente durante los siglos XVIII y XIX.
Estructura arquitectónica y diseño funcional
Como muchas haciendas chiapanecas de la época, San Francisco fue construida con una visión práctica, pero también simbólica. El casco principal —aún parcialmente conservado— destaca por su robustez, con muros de adobe y piedra, amplios corredores con arcos de medio punto, y techos de teja a dos aguas que permitían soportar el clima cálido y húmedo de la zona.
La casa grande, donde residía el propietario o administrador, dominaba el centro del complejo, mientras que alrededor se distribuían las viviendas de los trabajadores, los almacenes, establos, bodegas y áreas de trabajo agrícola. El patio central, típico de las haciendas novohispanas, era el corazón de la actividad diaria, espacio de reunión, carga y descarga de mercancías, y punto de control del movimiento de la hacienda.
Producción agrícola y trabajo comunitario
Durante gran parte del siglo XIX, San Francisco fue una de las fincas más productivas de la región. Su principal cultivo era la caña de azúcar, que se procesaba en el trapiche ubicado al margen de un arroyo cercano. También se producían frutas tropicales, se criaban ganado bovino y caballos, y se sembraba café en las zonas más elevadas.
La hacienda funcionaba bajo un sistema de trabajo mixto. A lo largo del tiempo, empleó a trabajadores indígenas zoques y mestizos que residían en comunidades aledañas. Muchos de ellos vivían dentro del propio complejo en condiciones de semi-dependencia, participando no solo en las labores agrícolas, sino también en las festividades religiosas y celebraciones patronales que formaban parte de la vida de la hacienda.
Cambios durante el siglo XX
Con el inicio del siglo XX, y particularmente tras la Revolución Mexicana, la Hacienda San Francisco vivió un proceso de transformación. Las reformas agrarias impulsadas por el gobierno federal derivaron en la expropiación de buena parte de sus tierras, las cuales fueron repartidas entre ejidatarios locales, marcando el fin del sistema latifundista que había dominado la zona durante siglos.
Aun así, parte de la estructura original se conservó y la hacienda continuó funcionando de manera reducida, ahora bajo esquemas de producción más modernos y con vínculos comerciales más abiertos. Algunos espacios fueron utilizados por décadas como bodegas, centros de reunión campesina e incluso como escuela rural.
Valor patrimonial y cultural
Hoy en día, aunque gran parte de la Hacienda San Francisco se encuentra en estado de semi-abandono, su valor patrimonial es indiscutible. Es considerada por muchos investigadores y habitantes de Ocozocoautla como uno de los testimonios materiales más importantes de la época hacendaria del estado. Su arquitectura sigue en pie en algunas secciones, y las historias que se narran sobre sus antiguos trabajadores y propietarios forman parte del imaginario colectivo local.
Algunos sectores de la sociedad civil han impulsado su rescate como centro cultural y educativo, proponiendo su integración en circuitos de turismo rural e histórico. Estas iniciativas buscan vincular la memoria del campo con el presente, acercando a las nuevas generaciones a las raíces productivas y culturales del estado.
Potencial turístico y ecológico
Ubicada a pocos kilómetros del centro de Ocozocoautla y a menos de una hora de Tuxtla Gutiérrez, la Hacienda San Francisco tiene el potencial de convertirse en un punto de interés turístico para quienes buscan experiencias históricas, culturales y de naturaleza. Sus alrededores ofrecen un entorno de gran riqueza ecológica, con bosques de pino-encino, fauna diversa y rutas de senderismo que pueden integrarse en proyectos de ecoturismo comunitario.
Además, su cercanía con la Reserva de la Biósfera El Ocote permite imaginar proyectos conjuntos que combinen el rescate patrimonial con la conservación ambiental, articulando memoria, sostenibilidad y economía local.
La Hacienda San Francisco es más que una estructura antigua: es un nodo de memoria que conecta el pasado agrícola de Chiapas con las posibilidades del presente. Su historia nos habla de un tiempo en que el campo chiapaneco era el motor económico de la región, y en que las haciendas eran centros de poder, producción y vida cotidiana.
Rescatar San Francisco no solo implica restaurar sus muros, sino también reconocer su papel en la formación de las comunidades rurales, en la configuración del paisaje cultural, y en la identidad histórica del occidente chiapaneco. Preservarla es, en última instancia, preservar una parte esencial de la historia viva de Chiapas.


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