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Oculta entre encinos, campos de cultivo y el aire limpio de la región central de Tlaxcala, la Hacienda San Buenaventura se alza como un testimonio de la arquitectura virreinal y la vida rural que marcó el pulso económico del México colonial. Situada en el municipio de Ixtacuixtla, a tan solo 20 minutos del centro de la capital tlaxcalteca, esta hacienda ha logrado transitar de su origen agroindustrial a convertirse en un espacio de descanso, celebración y reencuentro con la historia.

Construida en el siglo XVIII, San Buenaventura fue una de las muchas haciendas de beneficio agrícola que prosperaron gracias al cultivo de trigo y la producción de pulque, actividad que floreció en la región durante el Virreinato. Sus muros gruesos, patios empedrados, tinacales, trojes y capilla reflejan esa época en que la hacienda era no solo un núcleo económico, sino también social y espiritual. Durante el siglo XX, como muchas otras, atravesó un periodo de abandono hasta que fue rescatada y restaurada con sensibilidad y propósito.

Un espacio que respira historia y elegancia rural

Al llegar, lo primero que sorprende es la armonía del conjunto arquitectónico: altos arcos que delinean los corredores, techos de tejamanil, y jardines donde las bugambilias trepan las paredes con un desorden cuidadosamente conservado. El trabajo de restauración ha sido meticuloso: se respetaron las proporciones originales y se integraron elementos contemporáneos con discreción, de modo que la experiencia de los visitantes es la de caminar entre siglos, sin perder comodidad.

Las habitaciones, decoradas con muebles antiguos, textiles artesanales y toques de diseño moderno, están pensadas para ofrecer descanso sin estridencias. Cada estancia tiene su carácter, ya sea por la vista al jardín, la presencia de una chimenea o el silencio que reina en los antiguos dormitorios de los propietarios. Las áreas comunes, como la biblioteca, la terraza con vista al campo y el salón de los molinos, invitan a leer, conversar o simplemente contemplar.

En el corazón de la hacienda se encuentra una pequeña capilla barroca que aún conserva su retablo original y que permanece abierta tanto para el recogimiento personal como para celebraciones íntimas. Este espacio, cálido y sencillo, refuerza el espíritu sereno y acogedor del lugar.

Cocina que honra el origen y la estación

El restaurante de la hacienda ha asumido un compromiso con la cocina regional, con un enfoque que privilegia los productos frescos, locales y de temporada. El chef, oriundo de la región, trabaja con comunidades cercanas para obtener maíces nativos, hongos silvestres, quelites y carnes de crianza libre, ingredientes que se transforman en platillos que respetan las raíces pero dialogan con técnicas contemporáneas.

Los visitantes pueden disfrutar de una carta breve pero cuidada, en la que destacan el mixiote de cordero con chintextle, el tamal de frijol con salsa de xoconostle, o la crema de flor de calabaza con floraciones del huerto. Cada platillo llega a la mesa acompañado de tortillas hechas a mano, aguas de frutas frescas o, si se desea, una copa de pulque curado de tuna o avena. Los postres, como el flan de elote o las empanadas de dulce de capulín, redondean una experiencia gastronómica profundamente arraigada en la tierra.

Las comidas se sirven en un comedor con ventanales que se abren al campo, o bien en la terraza, bajo un tejaban rodeado de macetas y hierbas aromáticas. El ambiente es íntimo, tranquilo y propicio para largas sobremesas. Es un lugar ideal tanto para desayunar con vista al amanecer como para cenar a la luz de las velas, con el canto de los grillos como fondo.

Bienestar, contemplación y naturaleza

Además de su propuesta cultural y gastronómica, San Buenaventura ha desarrollado una oferta enfocada en el descanso profundo. La hacienda cuenta con un pequeño spa rural que ofrece masajes con aceites naturales, sesiones de aromaterapia y baños de vapor con plantas medicinales. El entorno natural de la propiedad, con sus veredas y prados abiertos, invita al paseo lento, a la caminata matutina o incluso a la práctica de yoga al aire libre, actividades que los huéspedes pueden disfrutar en total privacidad.

Uno de los mayores tesoros del lugar es su jardín de lavandas, que florece en verano y pinta de morado las colinas cercanas. Este paisaje, que parece salido de un cuadro impresionista, es el escenario perfecto para leer, meditar o simplemente observar el vuelo de las abejas y mariposas.

Espacios para celebrar con alma

Con su atmósfera serena y su arquitectura imponente, Hacienda San Buenaventura se ha convertido también en un lugar codiciado para bodas, retiros espirituales y celebraciones familiares. La capilla, el patio principal y los jardines se combinan para crear escenarios de gran belleza, sin necesidad de artificios. Cada evento es diseñado a medida, respetando el ritmo de la naturaleza y el espíritu del lugar.

El equipo de la hacienda ofrece servicios de banquete, ambientación, música y coordinación general, siempre con la filosofía de que menos es más. Aquí, los festejos no son ostentosos, sino elegantes y genuinos, pensados para crear recuerdos duraderos y significativos.

Acceso fácil, experiencia inolvidable

A pesar de su aire apartado y su tranquilidad bucólica, la hacienda se encuentra a menos de media hora de Tlaxcala capital y a tan solo una hora y media desde la Ciudad de México. Esto la convierte en una escapada perfecta para quienes buscan un fin de semana de desconexión sin necesidad de largos traslados. El camino hasta la propiedad es seguro y pintoresco, y el acceso está bien señalizado.

Un rincón donde el tiempo cobra otro ritmo

La Hacienda San Buenaventura no es un hotel convencional ni un museo del pasado; es una casa viva, una tierra que ha vuelto a florecer. Su propuesta es clara: recuperar la belleza de lo simple, el valor de lo auténtico y el placer de vivir el presente con los sentidos despiertos. Aquí, cada detalle —desde la textura de los muros hasta el sabor de un guiso casero— invita a desacelerar, a respirar con profundidad y a mirar con nuevos ojos lo que nos rodea.

Ya sea como destino de descanso, de encuentro familiar, de exploración cultural o simplemente como un alto en el camino, este refugio tlaxcalteca ofrece hospitalidad con carácter, memoria con emoción y una belleza discreta que deja huella.

Hacienda San Buenaventura

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